SLR – Capítulo 430
Hermana, en esta vida seré la reina
Capítulo 430: La vida siempre tiene sus altibajos
Gracias a los esfuerzos de Alfonso por consolarla -entregados con toda su energía y fervor-, Ariadne volvió a caer en la cama, con la cabeza completamente desprovista de pensamientos. Apartándole el pelo sudoroso, le preguntó—: Nada como el ejercicio para despejar la mente, ¿verdad?
—Esto era... ¿ejercicio? —preguntó ella con suspicacia.
—¿No fue lo bastante intenso para ti? —Alfonso sonrió, mostrando sus dientes blancos—. Entonces, ¿por qué no cambiamos los papeles la próxima vez?
Ariadne enrojeció y le dio una palmada en el brazo. Lo que más le molestaba era que sonriera tan inocentemente mientras fingía no haber hecho nada. Él soltó una carcajada y volvió a abrazarla.
—Deja de pensar —dijo. En ese sentido, el ejercicio era justo lo que necesitaba—. Vive tu vida simplemente, concentrándote en el hoy.
—Bien...
Si ella no iba a hacer ejercicio por sí misma, él pensaba dárselo en abundancia. Completamente inconsciente de su insidioso plan, permaneció en sus brazos, preguntándose si era aceptable que lo hiciera.
El cardenal de Mare pronto se vería obligado a renunciar al cargo de cardenal, lo que significaba que pronto tendrían que mudarse de esta gran mansión. Cada viga y cada pilar habían sido modificados de alguna manera por el cardenal de Mare, pero ésta seguía siendo la residencia oficial del cardenal.
Alfonso le susurró al oído—: Todo irá bien.
No podía estar de acuerdo con él en absoluto, pero no refutó sus palabras. Se había engalanado y se había presentado con todos sus hombres sólo para consolarla. No quería atormentarle.
Sin embargo, le molestaba que dijera cosas tan convenientes cuando sabía que ella tendría que mudarse pronto. En lugar de pelearse, suspiró para sus adentros. Llamaron a la puerta con cautela.
—Su Excelencia, soy yo, Sancha. Le pido disculpas. Soy consciente de que debe estar ocupada. Hay una solicitud urgente para usted.
Ariadne buscó rápidamente algo que ponerse. Al oír ruidos del interior, que no llevaron a Ariadne a dejarse ver, Sancha se dio cuenta de lo que debía estar pasando. Sonrojada, le dijo el mensaje desde el otro lado de la puerta.
—¡Se lo diré desde aquí! El palacio real quiere su confirmación sobre su participación en el baile de Acción de Gracias.
—¿Qué? Nunca recibí una invitación —dijo Ariadne.
—Sí... Era consciente de ello, así que eso es lo que les dije...
Los funcionarios de León III habían sido incorregibles.
—No se enviarán invitaciones desde palacio como el año pasado. Las casas de los condes y superiores están obligadas a acudir, y los que no puedan deben avisar ellos mismos —Sancha habló en tono preocupado—. Hay un funcionario real en la entrada de la mansión, exigiendo una respuesta de inmediato. ¿Qué le digo?
A estas alturas, Sancha ya era una vasalla experimentada y podía manejar sola la mayoría de las situaciones. Pero nunca había visto a un funcionario presentarse así, con una petición tan insistente. Ariadne se volvió hacia Alfonso como preguntándole si sabía algo de esto. Alfonso se frotó la cara ante el comportamiento errático de su padre.
En realidad, se trataba de una combinación del desagradable temperamento de León III y la incompetencia de sus funcionarios. Últimamente, los nobles que permanecían en la capital se marchaban con más frecuencia a sus territorios. Esto se debía a la peste, pero no regresaron a la capital ni siquiera después de que ésta hubiera sido derrotada.
Como muestra de protesta contra León III, que se oponía a los nobles de alto rango, todos regresaron a sus hogares. La declaración de que Unaísola era una ciudad libre había sido un factor decisivo. Los nobles menores que estaban bajo su influencia también hicieron lo mismo.
El problema no sólo tenía que ver con Unaísola. León III se había granjeado muchos enemigos en numerosos frentes. Esto quedaba claro por la variedad de los que se habían marchado y se negaban a regresar a la capital: el marqués Salbati, que se había marchado con el pretexto de evitar la peste, el marqués Gualtieri, que alegaba estar enfermo, y el anciano marqués Montefeltro, que decía que era demasiado viejo y necesitaba recuperarse.
Ahora había muchos menos nobles que antes que se quedaban permanentemente en la capital, con la excepción de los nobles que vivían en palacio y no tenían territorio propio. Eso tampoco significaba que los que quedaban apoyaran especialmente a León III. Se habían dado cuenta de que involucrarse con el rey sólo traía problemas. Se negaban a asistir a grandes eventos a menos que tuvieran una hija en edad cl casamentera, un socio comercial con el que era imprescindible reunirse, etc. Los hombres se reunían en fiestas de cata de vinos, y las mujeres en fiestas de té.
La popularidad de los bailes organizados por el Rey había caído en picado, por lo que León III había ordenado a sus funcionarios que nadie faltara al baile de Acción de Gracias. Con el conde Contarini muerto y tanto Marques como Baltazar ocupados, Delfinosa se vio obligado a encargarse de todo él solo. A falta de personal, Delfinosa había lanzado una idea sin filtro a sus subordinados, una desagradable costumbre que había adquirido de León III.
—¿Por qué no obligamos a todo el mundo a participar por defecto? El que no quiera venir tendrá que avisar.
El incompetente personal del Rey había interpretado que debían amenazar a todo el mundo para que participara, a riesgo de caer en el ostracismo. Delfinosa, que se había limitado a enviar invitaciones en las que se podía leer “RSVP si no tiene intención de asistir” en lugar de la habitual solicitud de respuesta, estaba demasiado ocupado para comprobar cómo se estaba llevando a cabo su idea. El resultado fue la situación actual.
—No serás encarcelada ni nada si te niegas —dijo Alfonso. Ariadne le miró incrédula. Alfonso suspiró y le dijo a Sancha—: ¡Nada que objetar!
Le preguntó a Ariadne con la mirada—: ‘No tenías intención de no ir, ¿verdad?’
Sacudió la cabeza. No tenía intención de destacar de esa manera. Alfonso suspiró.
—Di que acudirá.
Ariadne le miró, sintiendo un ligero malestar. Él le devolvió la mirada en silencio. Sólo llevaba una sábana alrededor del cuerpo. La única capa dejaba ver sus elegantes curvas. Proyectaba unas sombras dramáticas, y más allá de la esbelta cintura, las sábanas se abrían para dejar al descubierto su delgado muslo. Alfonso se relamió. Por muy fina que fuera una sábana, probablemente era más gruesa que la tela de un vestido.
N/T: Pero qué clase de sábana es más gruesa que un vestido? No me digan que Ari tiene mantas de tigres...
‘¿Estará bien?’ se preguntó.
—No quiero que nadie más vea...
Tiró de una manta de plumas de ganso y se la subió hasta la barbilla. Ojalá en palacio las mujeres llevaran vestidos iguales.
—Pero el trabajo es el trabajo. dijo. Alfonso planeaba llevarla pronto a palacio. Le susurró al oído: —Vive conmigo en el palacio del Príncipe.
Sorprendida, Ariadne se puso en pie de un salto y se deshizo de la manta de plumas de ganso.
* * *
Agosto se incorporó, con cara de cansancio y disgusto. Era otra vez aquel sueño.
—Ahsal aliha. (Llévatela).
En el sueño, Isabella le sonreía. Le miraba fijamente a los ojos, mirando las ventanas de su alma y sonriendo. Era ligeramente diferente de la Isabella real. La verdadera Isabella siempre tenía cara de enfadada y no mostraba casi ninguna emoción cuando hablaba con Agosto, es decir, con Arche-Rillu. No era porque tuviera algún tipo de sentimiento hacia él. En orden decreciente de importancia, él era el tercero de la lista: la cama, la silla, Agosto, la puerta y el guiso de la cena. En rigor, él ocupaba un lugar más bajo que el guiso.
‘¿Llevármela? ¿Pero cómo?’
Sin embargo, no podía ignorar el sueño. Sus sueños siempre eran acertados. Había sido un sacerdote al servicio de los dioses en su país natal, y lo más parecido a un sacerdote. Su padre era Arche-Raun, el “Ojo de los Dioses” y el líder espiritual de la tribu amhara. De su familia habían salido los sacerdotes de la tribu durante ocho generaciones.
Arche-Rillu también era “Báculo de los Dioses” y había dirigido a su tribu basándose en las revelaciones que recibía. Para él había sido impensable abandonar el Imperio Moro y su tribu Amhara. Pero los sueños le habían hablado.
—Gader, elliom. (Vete hoy).
Había sido un mensaje poderoso que no se atrevió a desobedecer. En el momento en que abandonó la capital, lleno de dudas, su enemigo había llegado a la ciudad y asesinado violentamente a su padre. Preguntó a sus sueños—: ¿Estaba destinado a matarme?
Sus sueños se limitaban a reírse de él sin responder. En una vida pasada que Agosto no podía recordar, había matado a este enemigo y se había convertido en un fugitivo para su tribu. En esta vida, había sacrificado a su padre, lo que le permitió regresar a su tribu.
Él era los sueños, y los sueños eran él. Arche-Rillu planeaba alcanzar el éxito que no había conseguido en la vida pasada, a cualquier precio, aunque eso significara dejarse utilizar como instrumento.
* * *
Ariadne se quejó a la vieja exorcista Shalman, al que hacía tiempo que no veía.
—¡Así que me pidió que hiciera las maletas y me mudara con él al palacio del Príncipe!
Había demasiados problemas en este momento como para que entrara inmediatamente en el palacio del príncipe. Si lo hacía, sería mucho más difícil mantener reuniones periódicas con la exorcista que lanzaba hechizos sobre su mano. También estaba el problema de dónde alojarían al Príncipe Luis de Gallico.
Todas esas cosas eran menos importantes que el problema de cómo explicar que una mujer que aparentemente no estaba casada con él se alojara en su palacio. La anciana parecía bastante curiosa.
—¿Entonces? ¿Accediste?
—¿Por qué me preguntas eso?
La vieja mora tenía la desagradable costumbre de fingir que lo sabía todo. Ariadne se había enfadado con ella por ello, y replicó—: Creía que conocías a “todos los dioses del cielo y de la tierra”.
Estaba citando a la anciana en el enrevesado dialecto etrusco. La anciana frunció el ceño.
—¡No es tan simple como todo eso! ¡Y no lo digas así!
—¿Creía que esos espíritus ‘lo sabían todo’? Conocían el sabor de la canela sin haberla probado nunca, ¿recuerdas?
—¡Eso es diferente! ¡Si no puedes entenderlo, no intentes ser creativa al respecto, ignorante!
Refunfuñando, utilizó un viejo mortero para moler un poco de talco y producir un polvo fino. Ariadne se asustó al darse cuenta de que la mujer debía de estar muy disgustada. Preguntó en un tono más suave y compungido—: ¿Cómo está Ismael?
Ismael era el nombre etrusco que su nieto había elegido tras llegar al continente central. La anciana se animó enseguida al mencionarlo y empezó a presumir de él.
—¡Es el más rápido de su colegio en aritmética! Es un gran atleta y un gran jugador de calcio. En mi casa siempre hay mucho ruido por todos sus amigos.
N/T calcio: En italiano, calcio es la traducción de la palabra fútbol (literalmente significa patada). El calcio florentino es una forma primitiva del fútbol originaria del siglo XVI en Italia.
Cuando se ganaba algo, siempre iba acompañado de alguna pérdida. Su nieto había olvidado la lengua de Ballasa Ordo, e incluso cuando se dejaban de lado las consideraciones lingüísticas, no podía comunicarse muy bien con su abuela. Tampoco le interesaban los cuentos de ancianos susurrantes y los espíritus de la tierra. A diferencia de su abuela, que vivía en el pasado, él se había adaptado perfectamente a la tierra de los extranjeros.
Ariadne se alegró sinceramente de la noticia.
—¡Qué bien! Sabía que a Ismael se le darían bien los deportes. Por lo que he oído, es el mejor en calcio de la Scuola di Greta.
—¿En serio?
—Si se le da mejor el ejercicio que la contabilidad, quizá debería permitírsele formarse como escudero.
—Mientras se divierta...
El niño era ahora un muchacho, y estaba tan contento con sus nuevas habilidades con la pelota que había olvidado su anterior deseo de convertirse en un héroe recordado en la historia del continente central. Era algo triste, pero era algo que la anciana había querido. Todo tenía su punto bueno y su punto malo, y aunque la anciana no tenía intención de hacer que se convirtiera en caballero, tal vez eso estaría bien si era lo que el muchacho deseaba. La anciana lanzó a Ariadne un mensaje consolador.
—Y sobre tu padre. No te decepciones demasiado.
Me encanta los momentos apasionados entre Ari y Alfonso. La abuela Salman es una bendición para Ari con respecto al tema de la regresión, sus cicatrices y sobretodo, se ve que se está encariñando con ella y la está aconsejando bien. León III se ve es pésimo gobernante y tiene desagradables ideas, cuenta con secuaces que solo buscan complacer. Pienso que Agosto está usando a Isabella para lograr sus objetivos, creo su aptitud servil es una fachada y puede convencer tanto a Isabella como todos a su alrededor. Me encanta esta historia. Muchas, muchas gracias! Deseo que Dios te bendiga siempre!♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
ResponderBorrarJajaja Alfonso que manera de levantar los ánimos 😏
ResponderBorrarMe preguntó si ya vendrá bebé en camino
ResponderBorrarMe pregunto cuál es el verdadero objetivo de Agosto
ResponderBorrarMe parece muy sospechoso este Agosto
ResponderBorrarEntonces Agosto tiene sueños del futuro y Ari recuerda toda su vida anterior... Pues los que usaban la regla de oro como debe de ser sí que eran invencibles :0 pero espero que Agosto no haya hecho todo esto sólo por querer tener una vida junto a Isabella 7n7 hijo, estás perdiendo :c
ResponderBorrarLa ilustración es simplemente hermosa. Gracias 🤗🤗🤗🤗
ResponderBorrarA&A son hermosos!!!! Gracias por subir las ilustraciones.♥️♥️♥️♥️
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