0
Home  ›  Chapter  ›  Seré la reina

SLR – Capítulo 335

 Hermana, en esta vida seré la reina 

Capítulo 335: La vida vida de Ippólito da un giro

La mansión De Mare estaba extrañamente serena. Habría sido favorable si la tranquilidad que se respiraba simbolizara paz y sosiego, pero se insinuaba lo contrario.

Nada más llegar a la mansión, Ariadne subió casi volando a su habitación del segundo piso.

—¿Por qué has tardado tanto? —fue el saludo de la baronesa Gianelli. Las palabras de la institutriz de la princesa Bianca eran punzantes como flechas afiladas. Su tono era, en efecto, como una fuerte arma verbal. Sin embargo, Ariadne no la culpaba, tenía todo el derecho a estar enfadada.

—¿Dónde está Su Alteza? —preguntó Ariadne.

—¡No estás en posición de buscarla! —gritó la baronesa Gianelli, incapaz de contener su ira—. ¡Has arruinado la vida de mi preciado bebé! —Con los ojos encendidos de rabia, exigió—: ¡Primero, deberías averiguar el paradero de tu hermano!

***

A Ippólito le sentó realmente mal el baile de debutante de la princesa Bianca de Harenae. Para ser más exactos, era más bien doloroso que desfavorable, pues gracias al baile había adquirido una visión más objetiva de su identidad.

Había sido invitado por ser el hijo mayor de la familia de Mare, aunque carecía de título nobiliario. Sin embargo, tuvo muchos problemas para encontrar pareja de baile. Esperaba una avalancha de propuestas de damas que querían ser su pareja de baile, ya que su casa era ahora la orgullosa casa de un conde. Sin embargo, pensó mal.

No hubo grandes mejoras, ya que no era ni conde ni sucesor del título de conde. Para colmo, su notoriedad como libertino estaba muy extendida en la alta sociedad, aunque él era ajeno a este hecho.

Aunque fue rara la ocasión, algunas damas nobles se acercaban a Ippólito, esperando recibir algo a cambio del cardenal de Mare y la condesa de Mare. Sin embargo, la mayoría eran comerciantes en ciernes que buscaban introducirse en un nuevo mercado o aristócratas de bajo rango con la esperanza de obtener contactos con la Santa Sede. Como esperaba una dama de una casa noble establecida de un condado o superior, Ippólito se sentía insatisfecho de que tales damas se dirigieran a él.

Así fue como acabó con Leticia de Leonati, su pareja concertada por Isabella, en el baile de la princesa Bianca.

—¿No es maravilloso el baile de hoy? —Leticia inició la conversación, sonrojándose tímidamente mientras se agarraba al brazo de Ippólito con entusiasmo. Era obvio que deseaba conversar más fervientemente con su compañero.

—¿Es así...?

—¡Los adornos son preciosos, y los invitados están fabulosos!

Ippólito no respondió.

—Pero, ¿por qué habría elegido la princesa Bianca semejante atuendo? ¿Por qué? ¡No pude ver ni un solo cabello al descubierto! ¿Quizá tiene una gran cicatriz en la cara?

No sólo el contenido de la conversación de Leticia era superficial y obvio -de todos modos, Pepito no era lo bastante sabio como para discernir el significado profundo de las palabras-, sino que aquella mujer era todo lo contrario de su gusto. Su cabeza era más grande que la suya, y su estructura facial era más masculina, por no hablar de su nariz grande y sus labios finos. También tenía una figura masculina, que a él no le atraía.

Se consideraba menos crítico con el aspecto de una mujer, pero la apariencia de Leticia le hacía parecer incluso que Maletta, asesinada hacía años, era una gran belleza.

Tal vez su aspecto habría pasado desapercibido si su familia hubiera poseído un estatus más alta o una mayor riqueza. Sin embargo, Leticia no era más que la hija de un vizconde, y su familia apenas había tenido éxito en la capital. Si hubiera sido hija única, el título nobiliario le habría correspondido. Pero, por desgracia, sería para su hermano menor. Eso significaba que vendría con las manos vacías, salvo por una pequeña dote al casarse.

Suspiro...

El humor de Ippólito se agrió automáticamente. Su buen humor le había motivado a estar en el punto actual de su vida, pero ya tenía 27 años. Por muy indulgentes que fueran las normas para los hombres en el mercado matrimonial, tenía pocas esperanzas de encontrar una futura esposa decente.

¿Era realmente una mujer insignificante como Leticia de Leonati lo mejor que podía conseguir en su vida? Tenía esperanzas de convertirse en un gran noble de San Carlo con el apoyo de su padre, pero ¿era un sueño vacío?

—¿Por qué suspiraste? —inquirió Leticia con atención, al notar la mirada contrariada de Ippólito.

Sin embargo, a Ippólito le repugnaba el mero hecho de que la mujer le estuviera estudiando. 

—Partamos… —refunfuñó.

—¿Perdón?

—Quiero decir, volvamos a nuestros hogares.

—¿Pero acabamos de llegar?

Ippólito entornó los ojos. ¡¿Cómo se atreve una dama a contestar a un hombre?!

Ante la espantosa actitud feroz de Ippólito, Leticia se acobardó.

Tras un chasquido de lengua, Ippólito se volvió para marcharse, diciendo—: Puedes usar el carruaje de allí.

Ni siquiera tenía intención de llevarla a casa.

***

Tras separarse de Leticia, Ippólito utilizó el carruaje de Isabella para volver pronto a casa. Frustrado, se tumbó en la cama. Deseoso de licor, se coló sigilosamente en el estudio de su padre, cogió una botella de grappa y se la bebió entera.

Estaba mareado y el cielo bailaba en círculos sobre él. Mientras su habitación se deshacía en una mezcla de ambigüedad, Ippólito cayó dormido antes de darse cuenta.

Ya era de noche cuando Ippólito se despertó gimiendo. Se sentía mareado y sediento. Tanteó en la mesilla de noche para encontrar una jarra de agua y, casualmente, se asomó a la ventana.

Lanzó un grito ahogado. Vio a alguien que no pertenecía a su residencia. Ippólito miró al techo de su habitación para confirmar su ubicación y se asomó a la ventana una vez más.

—¿Qué demonios trajo a esa joven aquí?

Ippólito observó desde su habitación a la princesa Bianca paseando en soledad por el jardín de la residencia de Mare. En la absoluta oscuridad de la noche, no se veía ni un solo criado en el jardín. Ippólito se frotó los ojos para ver mejor.

Era, en efecto, la princesa Bianca de Harenae, que había visto en el baile. Se había quitado la máscara, parecida a las plumas de un pavo real, pero el vestido gris oscuro con los hombros abombados delataba que era la princesa Bianca.

Ippólito tragó saliva. ‘¿Podría...?’

Ippólito había tirado por la borda su orgullo y rogado a Ariadne que concertara una audiencia con Bianca antes de su baile. Sin embargo, la maldita muchacha se quedó mirándole largo rato, con una sonrisa en los labios que parecía implicar diversión o burla, antes de desaparecer sin responder.

Por más que lo había intentado, Bianca era una dama que estaba fuera de su alcance. Sin embargo, por alguna razón desconocida, esa dama -no, una caja de tesoros humana y la personificación de la realeza- se paseaba por su jardín trasero.

‘Esta es una gran oportunidad.’

Después de todo, ella era joven y sabía poco de los hombres. Tal vez podría ganarse su corazón al instante si se presentaba ante ella como un caballero.

‘Incluso si todo falla…’ En la mente de Ippólito empezaron a brotar pensamientos asquerosos. Incluso si Bianca no se enamoraba de él, no tendría elección si él la forzaba. Después de eso, se vería obligada a casarse con él.

Ippólito aún recordaba vívidamente la sensación de derrota que le invadió al entrar en el salón de baile con Leticia de Leonati a su lado. Era la oportunidad de cambiar su vida por completo.

Se levantó de un salto, cogió su chaqueta y corrió escaleras abajo.

***

Bianca se rodeó las rodillas con los brazos y bajó la cabeza sobre la cama de Ariadne. Ariadne sintió que se acercaba un dolor de cabeza debido al jaleo que armaba la baronesa Gianelli.

—¡Oh, no! ¡¿Qué será de mi princesita?! Que imprudente he sido al estar en el aseo durante el incidente! 

La institutriz de Bianca se lamentaba continuamente sin un momento de vacilación, y su voz resonaba por toda la casa. 

—Ese asqueroso rufian ha robado la virginidad de mi princesita. Ahora, ¡no encontrará un futuro esposo decente! ¡Oh, mi Señor!

Según la explicación de la baronesa Gianelli, Ippólito de Mare había agredido sexualmente a la princesa Bianca en el jardín trasero de la mansión de Mare y había desaparecido. Sin embargo, Ariadne no pudo evitar pensar que se habían omitido algunos elementos en la exposición del caso por parte de la baronesa Gianelli.

—¡Tu hermano mayor la forzó! La baronesa Gianelli parecía segura de la veracidad de su afirmación, e Ippólito era sin duda un tipo de persona capaz de cometer semejante ofensa. Persuadida, Ariadne había regresado inmediatamente a casa, pálida como un fantasma.

La razón por la que no había traído a Alfonso con ella era la fuerte insistencia de la baronesa Gianelli. Su firme obstinación hizo creer a Sancha que la princesa Bianca había planteado la cuestión, pero en realidad, la princesa ni siquiera había tenido ocasión de pronunciar palabra. Su institutriz deseaba que sólo unas pocas personas se enteraran de que la princesa Bianca había sido acosada sexualmente por un hombre. Sin embargo...

‘No se ve ni una sola arruga en el vestido de la princesa Bianca.’

Los botones de sus prendas superiores y los volantes de las inferiores permanecían inalterados, tan nuevos como el día en que fueron confeccionados.

‘¿Y por qué huyó ese libertino de Ippólito?’

Era un hombre despreciable y podría haber descuidado su deber de consolar a la princesa Bianca cuando rompió a llorar. Sin embargo, la princesa, siempre serena, permaneció en silencio.

El Ippólito que Ariadne conocía informaría rápidamente al cardenal, trayendo consigo a la princesa Bianca, e insistiría en que el matrimonio se concertara inmediatamente, ya que había traído a su futura esposa. Nunca hubiera huido si tuviera éxito.

La baronesa Gianelli insistió en quejarse por detrás. 

—¡Madre mía! ¡Mira las manchas de sangre en el vestido de mi princesita! ¿Qué vamos a hacer? Ay, su virginidad está perdida...

Ariadne también vio la sangre y empatizó con la baronesa Gianelli, pero la posición de las manchas de sangre era extraña. La sangre roja brillante debería haber estado en la parte trasera o inferior del vestido, pero estaba más bien cerca del centro a la derecha.

Ariadne siguió el rastro de sangre, que llevaba a la mano derecha de Bianca, no a la parte interior de su vestido.

—Alteza, por favor, no tengáis miedo y contadme el incidente —le dijo Ariadne a Bianca con voz tenue pero estable. La princesa mantuvo su postura de hundir la cara en las rodillas—. Si os resulta difícil transmitirme toda la historia, os agradeceré mucho que respondáis a mis preguntas —Ariadne señaló atentamente las manchas del vestido de la princesa y preguntó—: ¿Cómo ha llegado la sangre a su atuendo?

Al estar excesivamente desconcertada y sobresaltada, la princesa Bianca pareció ignorar las manchas de sangre de su vestido. Mirándose el dobladillo del vestido, Bianca respondió, con voz temblorosa.

—Un desconocido se me acercó bruscamente y me agarró del hombro...

La baronesa Gianelli parecía a punto de lanzar otro ataque, pero Ariadne le hizo un gesto para que se detuviera. La princesa Bianca pareció calmarse ante la firmeza de Ariadne. 

—Por lo tanto... extendí mi puño, y cayó.

Ariadne dudó de sus oídos. 

—¿Perdón?

SLR – Capítulo 335-1

Con semblante temeroso, Bianca continuó—: Ese hombre sufrió entonces una grave hemorragia nasal. ¿Qué consecuencias tendré por asesinato?

{getButton} $text={Capítulo anterior}

{getButton} $text={ Capítulo siguiente }

130
Pink velvet
tiktokfacebook tumblr youtube bloggerThinking about ⌕ blue lock - bachira meguru?! ★ yEeS ! ★ yEeS !
10 comentarios
Ad Blocker Detected!
We know ads are annoying but please bear with us here and disable your adblocker!

Refresh

Buscar
Menú
Tema
Compartir
Additional JS