SLR – Capítulo 334
Hermana, en esta vida seré la reina
Capítulo 334: La mano extendida de Alfonso
—Será un camino difícil y lleno de baches.
Ariadne se había convertido en noble de la noche a la mañana. Antes de su nombramiento, había sido prácticamente una plebeya. En todos los sentidos, estaba lejos de ser elegible para casarse oficialmente con el histórico y noble linaje de la familia real de Carlo, que había descendido del antiguo Imperio de Rattan.
—Sin embargo, si me eliges... —Alfonso deseaba que Ariadne le eligiera y confiara en él para guiarla hacia un mundo desconocido. Le tendió su robusta mano—. Y si me coges de la mano...
Una vez, había considerado apropiado dejarla ir. Y una vez lo había puesto en práctica. Sin embargo, tras 5 años de lucha, Alfonso acabó dándose cuenta de que no podía vivir sin ella.
—Me aferraré para siempre mientras te niegues a dejarme ir.
Ariadne observó en silencio la mano de Alfonso, que era grande y gruesa, con fuertes nudillos, callos y cicatrices. Su mano llevaba las huellas de su vida, que se remontaban a su inocente infancia de joven príncipe sin cicatrices. Su mano conservaba heridas debidas a batallas, todo por ella.
Los ojos de Ariadne se llenaron de lágrimas, agitados por una complejidad de emociones múltiples. Le dolía el corazón al ver sus manos llenas de cicatrices, junto con los dolorosos días de anhelo sin respuesta.
Entonces recordó el día en que Alfonso partió hacia el palacio de verano de Harenae con la Gran Duquesa Lariessa. Era finales de otoño cuando ella había esperado el carruaje, día tras día.
Recordó las interminables noches de duelo preguntándose la causa del olvido de Alfonso, pues no había recibido respuesta alguna tras su marcha al Reino Gallico. Su corazón se había roto cada día por haber deseado a Alfonso de Carlo, el Príncipe de Oro, un hombre fuera de su alcance.
—Oh, tonto, idiota... —Ariadne ignoró la mano extendida de Alfonso. En su lugar, saltó a su pecho.
Sorprendido, Alfonso la abrazó, y el olor de Ariadne lo atrapó. Tanto correr durante la noche le habría hecho sudar. Sin embargo, el aroma de Ariadne era dulce.
Enterrando la cara en el pecho de Alfonso, Ariadne empezó a llorar, con los hombros temblorosos. No pudo dejar de llorar durante mucho tiempo. Abrazada a su pecho, murmuró—: Mi respuesta es un sí. ¿Por qué te molestas en preguntar, tonto...?
‘Prefiero que me guíes mientras cierro los ojos. Si se me conceden opciones, mi conciencia me exigirá vacilar.’
En su vida anterior, Ariadne había acabado con la vida de Alfonso y había cometido innumerables malas acciones. No sólo era inferior en estatus, sino que también podría ser inferior en carácter en comparación con él. Sin embargo, sus deseos pudieron con ella.
Por una vez en sus dos vidas, deseó obtener lo que quería sin compromiso ni consideración de los costes o las razones.
Al fin y al cabo, ya no amaba a Alfonso por su estatus o su riqueza. En ese momento, ser coronada reina y alardear de ello ante su hermanastra ya no era una de sus prioridades. Lo único que anhelaba era agarrar la cálida mano de su amante y confesarle su amor.
Abrazada al pecho de Alfonso, Ariadne pensó: ‘Aunque la elección que he hecho, por egoísta que sea, conlleve consecuencias posteriores debido a la Regla de Oro, no me arrepentiré.’
—Ari.
Ante la respuesta de Ariadne, Alfonso lució una sonrisa de oreja a oreja. La abrazó con más fuerza. Aunque era alta para ser mujer, su complexión se reducía a la mitad la de Alfonso mientras se dejaba abrazar por él.
La abrazó con todas sus fuerzas y la levantó agarrándola por la cintura con las manos.
—¡Ahhh! —chilló Ariadne, sobresaltada. Sus lágrimas cesaron momentáneamente durante su aullido de sorpresa y Alfonso sonrió mientras la levantaba en el aire.
La escena recordaba a cuando ambos estaban en el jardín de hortensias de la mansión del marqués Chibaut. Era un muchacho joven que tenía que levantar a su chica con todas sus fuerzas. Sin embargo, ahora, la cintura de Ariadne era lo bastante fina como para caber perfectamente en sus manos. Comparada con la gran espada que blandía contra la multitud de guerreros paganos en el campo de batalla, su delicada amante parecía ligera como una pluma.
Su deseo era abrazarla y confesarle su amor libremente siempre que lo deseara. Por fin se había hecho realidad. No podía creer que hubiera llegado ese día.
—Te coronaré como mi reina —prometió alegremente mientras la hacía girar en el aire—. La corona de mi madre te sentará de maravilla.
—¡Deja de darme vueltas! —Ariadne suplicó con urgencia—. ¡Mis tocado volará, antes de que pueda usar la corona de la reina!
Alfonso se echó a reír alegremente. Todo le parecía alegre. Atendería todas sus peticiones. La bajaría, la levantaría e incluso moriría si así lo deseaba.
Estaba a punto de arroparla contra su pecho una vez más cuando sus pies tocaron el suelo. Se negaba a dejarla marchar sin un abrazo. Sin embargo, una voz atenta detuvo su movimiento.
—Oh... Me disculpo por interrumpir. Pero me temo que hay que transmitir un mensaje importante a la Condesa de Mare.
La persona que había interrumpido a los dos era el señor Bernardino.
—Alguien preguntó por Su Excelencia desde fuera de la corte, y parecía urgente. La he traído por las puertas laterales sin rellenar el registro real.
El señor Dino trajo a la persona que había cubierto con su capa. La persona se tambaleó al ver bloqueada su visión, pero el señor Dino le quitó rápidamente la capa y la sacó de su miseria.
La persona que salió de debajo de la capa del señor Dino fue Sancha.
—¡Mi señora!
Ariadne sintió por fin el suelo bajo sus pies, gracias a la aparición del señor Dino y de Sancha. Arreglándose el pelo, preguntó—: ¡Sancha! ¿Qué te trae por aquí? ¿Y cómo sabías que yo estaba aquí?
El pelo de Sancha también estaba despeinado debido a la capa del señor Dino. Sin embargo, a diferencia de su ama, ella no tenía tiempo para pensar en su pelo, ya que tenía asuntos más urgentes que atender.
—¡Por favor, permítame que le avise más tarde! Milady, ¡tenemos un problema importante!
—¿Un problema grave? —replicó Ariadne, abriendo mucho los ojos.
Sin dudarlo ni un segundo, Sancha gritó—: ¡El señorito Ippólito ha traído grandes problemas!
—¿Qué?
¿Qué importancia podía tener el asunto para que Sancha corriera hasta el palacio real en mitad de la noche? Además, el cardenal de Mare era el responsable de vigilar a Ippólito. ¿Era el problema tan grande como para exceder el control del cardenal?
—¿Padre te envió aquí?
Sancha estudió las caras del príncipe Alfonso y del señor Bernardino y arrastró las palabras.
—No... no es eso...
—¿Será absolutamente necesario salir inmediatamente?
Era una gran molestia entrar y salir del palacio real por la noche. Ariadne estaba obligada a indicar sus datos personales y la causa de su entrada en palacio sin cita previa. Pensar en el procedimiento le producía dolor de cabeza.
Sancha se dio cuenta de que su señora no se iría sin una explicación adecuada. Se aferró a Ariadne y le susurró al oído.
—La causa es... Su Santidad aún no ha sido informada... Así que me temo que debe ir inmediatamente...
Al instante, la sangre se drenó del rostro de Ariadne y preguntó—: ¿No podría Alfonso, quiero decir, el príncipe, ayudarnos en este asunto?
Sancha negó con la cabeza.
—No está dispuesta a recibir apoyo adicional.
Ariadne aceptó rápidamente.
—Ya veo... Entiendo. Si es así, actuaremos según su voluntad.
Ariadne se volvió hacia Alfonso.
—Me temo que debo volver a casa.
Alfonso asintió a regañadientes. Era presumiblemente un problema complicado y desafiante. Se mostraba terriblemente reacio a permitir que su amante abordara semejante asunto, pero no pudo evitar ceder: era una cuestión familiar.
—¿No sería mejor que fuera contigo? —preguntó Alfonso—. Estoy seguro de que podría ser de ayuda en algunos asuntos.
Estaba seguro de que podría prestarle apoyo parcial, pues Ariadne había sugerido su ayuda en un principio y él confiaba en su criterio.
Sin embargo, Ariadne negó con la cabeza.
—Me temo que no es una buena idea por ahora. Pero te informaré cuando sea necesaria tu ayuda.
Por desgracia, Alfonso no podía hacer nada al respecto. Con un leve suspiro, besó la frente de su amante.
—Cuídate.
—Gracias.
Al ver a los inseparables tortolitos, el señor Bernardino chasqueó la lengua.
—Qué descarados son con su relación.
Sancha también preguntó—: ¿Desde cuándo se cortejan?
Sancha parecía bastante ofendida por no haber recibido ni una sola pista sobre el cortejo secreto de su amo.
El señor Dino respondió—: No puedo percibir la hora exacta, pero creo que empezó apenas media hora antes.
—¿Está diciendo... que los dos ya actúan como tortolitos cuando su cortejo se hizo oficial hace apenas treinta minutos?
—Sí, desde luego. ¡Y qué imprudente hacerlo ante un viejo solterón miserable!
A pesar del desconcierto del señor Dino y de la sensación de traición de Sancha, Alfonso abrazó a Ariadne con fuerza. —Prométeme que te cuidarás, ¿de acuerdo?
Sin embargo, Ariadne se sintió bastante ofendida.
—Estaré a salvo en casa. No hace falta que me cuide —empujó suavemente a Alfonso—. ¡Volveré pronto!
Sin embargo, el señor Dino no era de los que pierden la oportunidad.
—Ja. ¿Volver? Parece que el palacio real es vuestro hogar, vuestra residencia y vuestro lugar de trabajo. ¿Habéis decidido ya ser recién casados?
Por lo general, Sancha habría respondido al señor Bernardino para mantener la reputación de su señora. Pero ahora estaba demasiado estupefacta para decir nada y se limitó a mirar a Ariadne sin comprender.
—Me temo que tiene razón. Mi señora ya no considera su residencia como su hogar...
Ruborizada, Ariadne replicó—: ¡No, me he expresado mal! Vámonos.
Mientras Alfonso contemplaba la situación, se limitó a sonreír como un tonto.
***
Ariadne salió del palacio por las puertas laterales del Palacio del Príncipe y corrió a toda velocidad hacia la mansión De Mare. Al mismo tiempo, un joven de aire decadente apareció en el baile de la princesa Bianca con una cara sombría. El baile estaba a punto de terminar y la mayoría de los participantes se habían marchado.
El resto de los invitados al baile estaban en su mayoría muy borrachos. Sin embargo, por muy borrachos que estuvieran, todos los que habían identificado al joven se interrogaban con la mirada. Algunos recobraron la sobriedad al instante, mientras que otros se frotaban los ojos para comprobar si veían algo raro. Algunos incluso chillaron en secreto, considerando la mejor noticia del mes haberse encontrado con aquel hombre.
El joven observó brevemente los adornos y el vino que corría por el baile como un río. Con la barbilla alta, entró en el salón de baile. Era extremadamente raro que el hombre estuviera sobrio mientras todos estaban salvajemente borrachos en el salón de baile.
Sus ojos iban de un lado a otro como si buscara a alguien en particular. Incluso en la parte más recóndita del salón de baile, no logró descubrir a la persona que buscaba. Finalmente, agarró el cuello de un hombre que parecía el más despierto entre los borrachos del centro del salón.
—¿Perdón? —balbuceó la víctima, un noble de rango inferior de la capital. Probablemente sería la primera vez que el joven se encontraba con el noble de rango inferior, pero éste conocía bien la identidad del joven.
—¿Dónde ha ido la “guidata” del baile?
Sin embargo, la pregunta del joven fue amortiguada por el grito excitado del noble de rango inferior. Su embriaguez aumentó la diversión.
—¡Es el Duque Césare!
El escaso salón de baile se llenó de entusiasmo.
El noble alzó la voz una vez más y gritó—: ¡El duque Césare ha regresado a la capital!
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Romance, intriga, suspenso, cuantas emociones para un solo capitulo
ResponderBorrarNo me importa que digan, mi favorito a regresado 🫀
ResponderBorrarTe acompaño en el sentimiento compañero
BorrarX2, bueno no sé si quiera que se quede con el, pero si es mi favorito 🤫
BorrarY a quién le importa que hayas regresado César 😒
ResponderBorrarA mí 🫣🤭
BorrarWow no me lo esperaba. Esta impactante. Estoy se pondrá muy bueno
ResponderBorrarNo, por que tuvo que volver?!! 😲😧🙄😠😡
ResponderBorrarMi novio volvió
ResponderBorrarQue sosobra, tendré que esperar a la publicación de nuevos capítulos.....
ResponderBorrarCaramba, se equivocó de baile, el de su madre queda por otro lado xd
ResponderBorrarAunque para aparecer así buscando a alguien en particular significa que 4 años no son suficientes para olvidar :^
Me interesa saber la intriga entre Alfonso, Ari y Césare.
ResponderBorrar¡Si, Si y Si! Se ve tan hermoso como el día en que se fue, mi pelirrojo malvado como te extrañaba
ResponderBorrarUff excelentes capítulos, ahora llego más drama!
ResponderBorrarPOV de los comentarios: la llegada de Césare al último segundo del capítulo opacó la confesión de nuestros protas de casi un capítulo entero... :v
ResponderBorrarPD: púdrete, Césare.
Ahora mismo la belleza de Alfonso le da 10000 vueltas a Cesare
ResponderBorrarQue hizo Hipolito?
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