SLR – Capítulo 354
Hermana, en esta vida seré la reina
Capítulo 354: Esto no es suficiente
—Hermana querida... ¡Eres mi salvadora!
Clemente evitó a su enorme hermano, que parecía conmovido al abalanzarse sobre ella para abrazarla.
—No causes problemas... Aléjate. ¿De acuerdo?
—Por supuesto. ¡Nos quedaremos en casa de tu marido, después de todo!
Podría haber parecido una conversación exclusivamente entre hermanos, pero Clemente había estado mirando a su ambiciosa cuñada mientras pronunciaba las palabras “no provoques problemas”. Isabella se negó a mirarla, con el disgusto reflejado en el rostro.
Clemente se lamió los labios. No estaba segura de que fuera una buena idea.
***
El cardenal de Mare no podía quejarse al Papa Ludovico de lo que había hecho el juez enviado desde Trevero. Aunque un cardenal era el líder de la región a la que había sido asignado, seguía siendo, en esencia, un servidor de la Santa Sede.
El rey León III, sin embargo, era un gobernante laico, y nada se lo impedía. Se suponía que la Iglesia y el Estado nunca debían interferir en los asuntos del otro. Sin embargo, el reciente incidente podía interpretarse como una violación por parte de la Iglesia de los dominios del imperio.
La nobleza de alto rango se unió tras la impactante noticia de que la casa Contarini se encontraba en quiebra, exigiendo al rey una solución. Éste respondió de buen grado: tampoco le gustaba que los mercaderes se alzaran así. No tenía ningún desprecio especial por ellos, pero estos plebeyos que nunca habían tenido voz se estaban uniendo de repente. Lo último que quería era más gente conspirando sus espaldas. El rey León III ya vivía con muchas más restricciones de las que le resultaban cómodas.
Envió un emisario a la Santa Sede, exigiendo saber qué estaban pensando. Aunque la Santa Sede había cometido un error, estaba nervioso después de enviar al enviado. Aunque la Iglesia y el Estado nunca debían interferir entre sí, los conflictos que se habían producido en el pasado siempre los había ganado la Iglesia. La amenaza de excomunión basada en “Las Meditaciones” era posible de derrotar con la autoridad secular.
En lugar de una reprimenda, una excusa o una promesa de que el incidente no se repetiría, recibió una cortés invitación. El resumen del mensaje era el siguiente:
[Parece que ha habido un malentendido. Por favor, visite Trevero. Nos gustaría disculparnos. Hace tiempo que no estamos en contacto con el Reino Etrusco, y nos encantaría vernos en persona para mantener una conversación espiritual y fortalecer el vínculo que existe entre nosotros, los gobernantes.]
Elevaba sutilmente al rey León III al mismo rango que el Papa al referirse a ambos como “gobernantes”. La sugerencia en sí era absurda. Ni siquiera un rey vecino podía pedir a un gobernante que abandonara su propio país. ¿Quién garantizaría su seguridad?
Al mismo tiempo, era una invitación que sólo el Papa podía hacer. Un gobernante nunca salía de su país porque no podía confiar en nadie. Si quien lo invitaba lo tomaba como rehén, no habría forma de escapar.
El Papa, sin embargo, era el apoderado del Padre Celestial en la tierra. Dada su posición, no podía hacer tal cosa. El Rey León III no confiaba en la conciencia de Ludovico como persona. Todos sabían que Ludovico de Justini no tenía tal cosa.
En cambio, el rey León III confiaba en la sacralidad de la sede del Papa. Si él hiciera tal cosa, todo el continente central caería en shock. Su poder provenía de su santidad, después de todo.
El rey León III, con la invitación en la mano, se volvió hacia su ayudante, Delfinosa.
—Oh, vaya... ¿Había ocurrido esto antes?
Delfinosa negó con la cabeza.
—No... Tal vez ocurriera en el antiguo Imperio de Rattan. Pero nunca ha ocurrido desde los días del gobierno real...
El rey León III seguía mirando fijamente la invitación del papa Ludovico. En cualquier otro momento, habría arrojado el pergamino a la chimenea sin pensárselo dos veces. Habría ignorado cualquier invitación a morir aunque se la hubiera enviado la mujer más bella del mundo. Y aún menos valor le daba a la de un anciano como Ludovico.
Pero una línea al final de la carta le hizo reflexionar.
[Trevero, la nueva capital santa, es una tierra santa comparable a Jesarche, la capital milenaria [...] Su visita se considerará equivalente a una peregrinación, y como resultado se expedirán indulgencias…]
Indulgencias.
N/T indulgencias: Remisiones ante Dios expedidas por la Iglesia que eximen de las penas de carácter temporal que de otro modo los fieles deberían purgar, sea durante su vida terrenal o luego de la muerte en el purgatorio. Existen dos tipos: La plenaria y la parcial. Una indulgencia plenaria quita todas las penas temporales debido a nuestros pecados; una indulgencia parcial quita algunos, pero no todos dependiendo del pecado, de la pena temporal.
El rey León III había cometido una gran variedad de pecados. De hecho, probablemente era más rápido encontrar los mandamientos que no había cometido, entre los que prohibían cosas como la fornicación, el adulterio, el asesinato, etcétera. Era un maestro de la autojustificación, pero había un elemento fáctico que impedía cualquier ejercicio mental de exculpación.
Pensando en las cosas que aún le hacían sentirse culpable, se humedeció los labios.
—Una peregrinación... soñé con ella una vez cuando era joven.
La idea era absurda. Sintiéndose avergonzado incluso delante de Delfinosa, que le había oído decir todo tipo de cosas vergonzosas, el rey León III murmuró algunas excusas. Delfinosa dio una respuesta tonta. Desde su perspectiva, simplemente estaba expresando algo que la palabra “peregrinación” le había recordado.
—El Príncipe Alfonso también ha estado en Jesarche. Si visita también este lugar, habrá el doble de indulgencias.
Al rey León III se le quedó cara de extrañeza. ¿Podría enviar a alguien en su lugar, mientras reclamaba las indulgencias para sí mismo? Aún no había perdido completamente la cabeza.
—Averigua a quién más ha enviado el Papa esta invitación.
Este astuto conejo no iba a meter su propia cabeza -o las cabezas de las personas que le pertenecían- en la boca de un tigre.
***
—¡Esto es sencillamente increíble! —el barón Castiglione se frotó el bigote con cara de emoción, como solía hacer cuando estaba muy contento consigo mismo—. ¡Les hemos enseñado algo a esos arrogantes grandes nobles! ¡Ja!
El barón Castiglione había contraído una pequeña deuda privada con el marqués Chapinelli, una de las personas más poderosas de palacio. El hombre era un marido inepto y disponía de poco dinero. Castiglione había prestado algo de dinero al marqués, que necesitaba pagar sus deudas de juego y los gastos de manutención de su amante. Era una suma pequeña comparada con el tamaño del gremio de mercaderes, pero bastante grande para una sola persona.
—¡La gente que se niega a pagar sus deudas merece su merecido! Sí, desde luego.
Habían sido como hermanos, y Chapinelli le había metido en la Gran Curia Regis. Pero eso había sido todo. Su amistad pareció terminar poco después de que Chapinelli le prestara su dinero. Después de eso, a Castiglione le resultaba difícil incluso reunirse con él. Chapinelli había suplicado al principio cuando Castiglione le había presionado, pero después había respondido con un silencio sepulcral.
‘Puede que piense que el mundo es suyo por su estatus, ¡pero nadie gana al dinero!’
Tal vez su sinceridad había llegado hasta el marqués. En el momento en que el barón Castiglione estaba a punto de vender el préstamo a un monasterio para avergonzar al marqués Chapinelli, que se negaba a reunirse con él, la marquesa se puso en contacto con él primero. Era casi como si el marqués Chapinelli le hubiera leído la mente.
—Mire, Barón Castiglione. No hemos estado en contacto últimamente, pero compartimos las mismas raíces.
El territorio de los Chapinelli estaba situado cerca del de los Gualtieri, donde se asentaba la casa de los Castiglione. En un sentido más amplio, procedían de la misma región.
—Los nobles del este nunca se olvidan los unos de los otros. Cuando se trata de los de sangre noble como nosotros, sólo nosotros podemos entendernos.
El marqués Chapinelli había dirigido al barón Castiglione una mirada rara e intensa.
—Su Majestad pronto creará un comité para un nuevo impuesto a los comerciantes.
El rey había anunciado recientemente que se rebajaría parte del impuesto sobre la tierra -impuestos que debían pagar los señores terratenientes-, mientras que se impondría un nuevo impuesto a los comerciantes. No era del todo descabellado, ya que la agricultura era cada vez menos productiva, mientras que el comercio resultaba más lucrativo.
Pero, naturalmente, los comerciantes estaban descontentos. Querían poder opinar sobre este nuevo impuesto, a ser posible para reducirlo.
—¿No te gustaría estar en ese comité? Te recomendaré al rey —el marqués había mirado cautelosamente al barón Castiglione y rápidamente añadió—: Y pagar mi deuda, por supuesto. Amigo mío, no tienes ni idea de lo espantosa que puede llegar a ser mi esposa estos días...
El marqués había pagado un poco de intereses, había firmado el certificado de deuda que el barón le entregó e incluso había prometido traer a su hijo pequeño como compañero de juegos para su tercer hijo. Pero lo que más agradó al barón Castiglione fueron las siguientes palabras:
—Los de sangre noble como nosotros...
Al oír esas palabras, al instante pareció desvanecerse la pena que había experimentado al trasladarse a la capital como cuasi noble y luchar por encontrar su lugar. Antes había sido vasallo del marqués Gualtieri, lo que significaba que aún tenía que saludar cortésmente a cualquier miembro de esa familia que se encontrara en la capital.
Podía soportar tener que hacerlo él mismo, pero era humillante para sus hijos tener que hacer lo mismo con el joven hijo del marqués. Pero ahora, el marqués Chapinelli, que tenía el mismo rango que Gualtieri, acababa de referirse a ellos como “nosotros”.
Aunque había fracasado con su hija mayor, Camelia, probablemente podría considerar su vida un éxito si lograba que su joven hijo se casara con una gran noble. Sería aún más satisfactorio si esa gran noble fuera del este, como el marqués Chapinelli.
—Todo es gracias a tu esfuerzo. Has hecho algo increíble —el barón Castiglione elogió a su yerno, que no era mucho más joven que él—. ¡Serás el próximo presidente de la Asociación Mercantil! Está casi garantizado —se volvió hacia su bendición de la hija mayor—. Camellia, estoy seguro de que estás contenta con esto.
Camellia se había recuperado un poco en el último mes y había empezado a salir un poco más de la mansión. Su piel estaba sana y brillante, y sonreía débilmente.
Ottavio se negaba incluso a venir al palacio desde que lo habían echado de su propia casa. Nadie le había dicho que no viniera, pero parecía que le daba vergüenza dar la cara. Camelia conocía a Ottavio mejor que nadie. Tenía un espíritu tan débil que le costaría recuperarse de cualquier derrota.
Nadie vivía aún en la mansión Contarini, ya que la orden judicial no se había ejecutado, pero Camellia estaba contenta con lo que se había conseguido hasta el momento. Estaba segura de que Isabella y Ottavio estaban lejos de ser felices. Eso era más que suficiente para ella.
—Padre, yo... —dijo Camellia, a punto de decir que estaba contenta.
—No, no estoy contento —dijo Caruso en un tono bajo y grave.
Tanto el barón Castiglione como Camellia se giraron sorprendidos.
—No estoy nada contento —volvió a decir Caruso, reiterando su afirmación. Era tanto para recordárselo a sí mismo como para decírselo al barón—. Llevo casi 20 años en el negocio.
Miró por la ventana. Los recuerdos se agolpaban en su mente: sus días de juventud luchando por la comida en los muelles, su niñez, cuando tuvo la suerte de unirse a un gremio de mercaderes y empezar a aprender el oficio, y sus últimos años, en los que sufrió reveses y victorias por igual y adquirió más experiencia.
—Lo que me han enseñado los años —dijo apretando los dientes—. Es que se golpea para matar o no se golpea.
{getButton} $text={Capítulo anterior}
{getButton} $text={ Capítulo siguiente }
Y aquí va otra brillante idea de León🫠🤣
ResponderBorrarNotese el sarcasmo
Vamos con todo caruso
ResponderBorrarWaos que fácil se vende uno por unas simples palabras, recuerda que si no fuera por éste incidente el marqués ni señales de vida da :/
ResponderBorrarYa por favor qué se muera ese anciano. Nada más se la pasa arruinandole la vida a medio mundo.
ResponderBorrarDale Caruso, con la silla.
ResponderBorrar¿Cuando se va a morir el rey? Ya es hora ⏳
Estoy con Caruso pero espero que por querer aún más no se vaya a quedar sin nada
ResponderBorrarCausó, un verdadero hombre!!! 😁👍
ResponderBorrarMe pregunto cuál será el siguiente movimiento de Caruso
ResponderBorrarOjalá Caruso los acabe!!
ResponderBorrarCaruso hazlos pagar!!!
ResponderBorrar