SLR – Capítulo 383
Hermana, en esta vida seré la reina
Capítulo 383: Deshacer un nudo enredado
El cardenal de Mare quedó sorprendido cuando regresó al palacio Delice tras reunirse con el Papa. Encontró a Ariadne sentada en su casa con aire renovado. Junto a ella estaba su futuro yerno y amigo de Ariadne, alguien a quien no esperaba ver aquí.
—¿Cuándo volviste? —preguntó el cardenal.
—Hace algún tiempo —dijo Ariadne, sin entrar en detalles. El cardenal tampoco preguntó más. Indagar en el tema no haría más que molestar a todos los implicados. Con la vista perdida, el cardenal decidió fingir que no se había dado cuenta de nada.
Pero su humor ya se había resentido, así que se volvió hacia el amigo de su hija, que estaba sentado en un rincón y le señaló con la barbilla.
—Por cierto, ¿por qué está aquí?
Rafael, que estaba en un rincón del salón con Alfonso, se levantó de repente y le saludó alegremente.
—¡Santidad! ¡Hola! ¿Cómo ha estado?
El cardenal de Mare, completamente inconsciente de la buena fortuna que este hombre le había traído, miró fijamente a Rafael. Sus labios se crisparon.
Si el propio Rafael hubiera sabido lo que había provocado, habría perseguido al cardenal hasta el fin del mundo para obtener la indemnización que le correspondía. Desgraciadamente, Rafael tampoco era consciente de que había contribuido decisivamente a la elección del próximo Papa.
No era difícil entender por qué el cardenal podía estar de mal humor. Creía que un hombre sin brillo interesado por su hija, que había rondado a su alrededor en el pasado, había vuelto para hacerlo de nuevo.
Pero hoy era un buen día. Dejando a un lado cualquier intención hostil, hizo un gesto a Ariadne para que se acercara y se sentara.
—Ari. Y usted también, Príncipe. Creo que está a punto de haber un cambio en mi estatus.
—¿Su estado? ¿Qué quieres decir?
El cardenal de San Carlo no era un cargo del que se ascendiera o al que se cambiara de puesto. No era difícil entender por qué estaban confundidos.
—Ejem. Estáis observando al futuro Papa.
Ariadne, Alfonso y Rafael -que se había quedado en un rincón, como un extraño- le miraron con los ojos muy abiertos.
—Bueno... déjame contarte cómo sucedió.
El cardenal les explicó todo, omitiendo la humillante “prueba” de Ludovico, así como las cuatro provocaciones extremas a las que había sido sometido, relatando el incidente sólo con vagos detalles.
—La muerte del Arzobispo Boschesdurhen dejó vacía la sede del sucesor. Y ahora me ha llegado a mí. Ejem.
—¡Increíble! Padre, es una gran noticia.
—Es realmente buena.
—¡Felicidades, Su Santidad!
Su hija nunca era muy expresiva, hiciera lo que hiciera, y el príncipe no era precisamente una persona alegre. A decir verdad, fue el muchacho de rostro pálido que hoy se les había unido inesperadamente quien tuvo la reacción más agradable. Al cardenal tampoco le gustó y apretó los labios, pero no pudo evitar que se le escapara una sonrisa. Los cumplidos nunca dejaban de agradar.
—El anterior Arzobispo Boschesdurhen intentó envenenar al Papa. Y casi tuvo éxito también. El Papa no vivirá mucho. Tendremos que discutir los detalles de mi ascenso muy pronto.
Antes de la llegada del rey Filippo IV, el Papa había proporcionado al cardenal de Mare una cuidadosa explicación de qué votantes estaban de su parte y cómo había conseguido su apoyo.
—Estábamos en medio de una importante discusión cuando un invitado inesperado puso fin a la misma.
Ariadne le miró como preguntándose: “¿Cómo de importante tiene que ser un invitado para hacer eso?” Una parte de ella sospechaba que su padre podría estar equivocado en algo.
—El Rey Filippo IV del Reino Gallico vino hoy a ver al Papa en persona.
Esto explicaba todo a Ariadne perfectamente, aunque fuera sorprendente. No era de extrañar que el Papa hubiera interrumpido la conversación.
Las espesas cejas de Alfonso se retorcieron violentamente. —¿Quiere decir que Filippo está en Trevero ahora mismo?
—¡Eso es!
Alfonso no tenía ninguna emoción positiva hacia su primo, que había pensado en encerrarlo en el Palacio de Montpellier e incluso matarlo. Pero Alfonso no operaba en ese momento basándose en emociones. Estaba manejando un tablero de ajedrez, sobre el que se movían múltiples piezas.
La visita del rey Filippo IV fue una gran oportunidad para él.
El cardenal continuó explicando—: Vino y pidió algo absurdo al Papa.
—¿Pidió ser emperador o algo así? —preguntó Rafael de repente.
El cardenal miró a Rafael.
—No fue algo tan absurdo.
Rafael hizo un mohín, avergonzado. El cardenal le dio un bocadillo azucarado de la mesa, al ver que Rafael parecía enfadado. El cardenal de Mare y Rafael de Baltazar se llevaban bastante bien.
—Quería un indulto general con respecto a la Ley Allerman.
—¿Perdón? ¿Un indulto con respecto a esa ley?
Fue el turno de Ariadne de sorprenderse. ‘¿Esa ley? ¿Por qué tan pronto?’
Se suponía que el indulto se mencionaría dentro de 5 años, como muy pronto, y sólo se ejecutaría dentro de 10. El rey Filippo IV solicitó lo mismo en su vida pasada. Había habido muchas opiniones sobre por qué el rey del reino galo pediría tal cosa, pero Ariadne había conocido la razón, dado su acceso a los secretos de estado a través de Césare.
‘El hijo bastardo, Jean.’
El rey Filippo IV había fracasado al final en su intento de conquistar a Bianca de Harenae, casándose con la princesa del antiguo rey de Gredo. Ella le aportó una gran dote, pero ya había estado casada antes. Su marido, que había muerto, le dejó un hijo. También era mayor que Filippo y, lo más importante, no vivió mucho tiempo.
Según los rumores, fue envenenada por la princesa Auguste, interesada en ocupar su lugar. Pero nadie sabía la verdad. Aparte del hecho de que una mujer había sido brevemente su reina, el rey Filippo IV había tenido una historia extremadamente limpia en lo que se refería a las mujeres. Fue entonces cuando apareció un niño muy parecido a él, el bastardo Jean.
‘La princesa Auguste murió antes de lo debido, y eso complicó el orden cronológico.’
El indulto general de la Ley Allerman, solicitado por el rey Filippo IV en vida pasada, había permitido a Césare, hijo bastardo del rey, convertirse en rey del reino etrusco.
—¿Cree que conseguirá lo que ha pedido?
—No sé qué decir a eso —dijo el cardenal, ladeando ligeramente la cabeza. El Papa no había proporcionado una conclusión clara, pero sus ojos habían brillado de codicia ante la mención de Pisarino.
—Tendremos que esperar y ver.
Si se dejaba al Papa Ludovico a su aire, algún día podría permitir el indulto, pero en ese momento tenía una severa restricción: podía morir cualquier día. Si dejaba que el asunto se alargara, la decisión recaería en el Cardenal de Mare.
—Estoy cansado. Creo que voy a descansar —dijo el cardenal.
—Por favor, duerme un poco.
—Descanse bien, Su Santidad.
—¡Por favor, descansa!
Después de que el cardenal se marchara, Rafael dijo con cara de asombro—: ¿De dónde ha sacado el rey Filippo IV una idea tan extraña tan de repente? Es un fanático expansionista. ¿Quizás haya algún reino por ahí que pueda reclamar si la ley queda sin efecto por culpa de algún antepasado lejano?
Era una suposición muy razonable, pero se equivocó.
Ariadne decidió revelar algo de lo que sabía, hablando despacio.
—Probablemente se deba a... Jean el Bastardo.
—¿Jean el Bastardo?
Ni Rafael ni Alfonso habían oído hablar de él antes.
—He oído rumores de que hay un hijo ilegítimo al que el rey Filippo IV tiene cariño —dijo.
Aunque no sería sorprendente que Rafael no lo supiera, Alfonso estaba en contacto regular con enviados del Reino Etrusco y recientemente había comenzado a operar su propia organización de espionaje. Pero él tampoco conocía ese nombre.
—¿Cómo? ¿De dónde has sacado esa información?
Incapaz de decir que era de su vida pasada, eligió la excusa más fácil que se le ocurrió.
—Es un rumor que se extiende en los círculos mercantiles. Se corre la voz cuando la gente hace entregas, y la gente oye cosas de los criados que hacen tareas serviles. A veces las noticias viajan más rápido a través de ellos.
Rara vez se obtenía información útil de este modo, pero los dos hombres aceptaron la explicación sin rechistar. Si Ariadne lo decía, debía de ser cierto.
—El rey Filippo IV no tiene heredero legítimo por el momento. Un primo tendrá que ser nombrado rey después de su muerte —Ariadne señaló a Alfonso—. Uno de esos primos está con nosotros en esta habitación.
—Ari —reprendió Alfonso con suavidad. Se volvió y la abrazó—. No aceptaría ese asiento ni aunque me lo ofrecieran en bandeja de plata. La sugerencia de Eudes no era una que pudiera aceptar.
Rafael, que había estado fingiendo vomitar, se quedó boquiabierto ante la mención de Eudes.
—¿La sugerencia de Eudes? ¿Te dijo algo el Gran Duque?
Alfonso soltó una carcajada cansada. Y le xplicó brevemente—: Me hará rey de Gallico si me caso con Lariessa.
—Asombroso —dijo Rafael, maravillado.
Alfonso le fulminó con la mirada. Había calmado a Ariadne con dificultad. No podía permitir que Ariadne oyera esto y empezara a deprimirse de nuevo. El perspicaz príncipe miró con cautela el rostro de Ariadne.
—Debe haber alguna razón que no puedes aceptar —dijo Rafael.
—Quería que viviera con Ari, pero que el hijo que tuviéramos entre los dos fuera adoptado por Lariessa como propio, y entonces nos veríamos obligados a enviar a ese niño a Gallico. Se ofreció a criar al niño él mismo.
Rafael se enderezó.
—Está renunciando a la conexión sanguínea, y en su lugar apuesta por una cultural —dijo.
Ese heredero no tendría ni una sola gota de sangre del Gran Duque Eudes en sus venas, pero al haber crecido bajo el amparo del gran duque, se consideraría ciudadano del Reino de Gallico.
—Él sólo quiere tomar el Reino Etrusco para sí mismo. ¡Qué buena manera de hacerlo!
Alfonso asintió.
—Yo también soy medio galicano, pero no me identifico como tal. Es la mente lo que importa más. Si consigue que un futuro heredero que heredará tanto el Reino Etrusco como el Reino Galo sea un galicano de corazón, aunque sea un cuarto galicano de sangre... Será la forma más fácil de que Eudes tome para sí el Reino Etrusco.
Alfonso besó suavemente a Ariadne en la mejilla.
—Así que no lo sientas. No era una oferta que pudiera aceptar.
En lugar de volver a burlarse, Rafael dijo gravemente a Alfonso—: ¿Le rechazaste claramente?
—Lo rechacé, pero no quiso escuchar. Probablemente tendré que volver a dejarle clara mi intención antes de que acabe este viaje.
Alfonso ya había pensado en la manera de hacerlo. El Gran Duque Eudes no tendría más remedio que dejarle marchar.
—Menos mal que Filippo vino a Trevero.
—¿Qué? ¿Qué quieres decir con eso?
—Bueno —dijo Alfonso con una sonrisa—. Si el Gran Duque Eudes se niega a garantizar por escrito que mi compromiso y matrimonio con Lariessa es efectivamente nulo y no existe nada entre nosotros, iré a ver a nuestro querido Rey Filippo IV para saludarle.
Un brillo raro y travieso apareció en la amable sonrisa de Alfonso.
—Preguntaré a mi querido primo Filippo cómo le va. Luego le explicaré cómo nuestro pariente común, el gran duque, se ha ofrecido a deshacerse de él y ponerme en su lugar, después de todo.
Me encanta está sociedad entre Alfonso, Ari y Rafael, pienso que serán los aliados más poderosos en el continente, están pasando tantas cosas, está historia tiene tanto que atrapa, política, intriga, ambición, misticismo, romance, personajes tridimensionales, etc. Muchas, muchas gracias! Excelente trabajo!🥰🥰🥰🥰🥰🥰
ResponderBorrarGracias por los capítulos!
ResponderBorrarNo sé qué tan buena idea sea, me intriga por qué Larissa fue junto con Filippo
ResponderBorrarAmo esta novela !
ResponderBorrarY amo está actitud de Alfonso... Modo no más niñito tierno
Si se da la oportunidad pos que Alfonso le parta la cara a Filippo, para desquitar el coraje 😶🌫️
ResponderBorrarLas ilustraciones son muy lindas, y cada vez se esta poniendo más interesante la serie
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